RESUMEN
A dos años de la asunción de Javier Milei, la Política Exterior Argentina ha experimentado una transformación profunda tanto en sus orientaciones estratégicas como en sus formas. El año 2025 consolidó un viraje iniciado en 2024 que, lejos de constituir una oscilación coyuntural, configura un cambio sustancial con aspiraciones refundacionales. Esta reorientación de la política exterior se inscribe en un contexto internacional signado por la transición desde el orden unipolar hacia una configuración multipolar, atravesada por crecientes niveles de conflictividad interestatal, disputas geopolíticas y económicas, y una progresiva erosión del multilateralismo.
El escenario global contemporáneo combina la consolidación económica de China y otras potencias emergentes, el reposicionamiento estratégico de Estados Unidos bajo la administración Trump 2.0, y el despliegue de dinámicas de confrontación que diversos analistas caracterizan como “guerra híbrida” o “guerra irrestricta”. En este marco, la competencia entre grandes potencias se extiende más allá del plano militar tradicional e incorpora dimensiones económicas, tecnológicas, financieras e informacionales. A su vez, el incremento sostenido del gasto en defensa a nivel global y la reaparición de conflictos armados interestatales refuerzan la percepción de una etapa de mayor inestabilidad sistémica. Este entorno condiciona las opciones estratégicas de potencias medias como Argentina, cuyos márgenes de maniobra dependen de su capacidad para equilibrar las restricciones geopolíticas con sus intereses económicos y prioridades de desarrollo.
En este contexto, la administración Milei ha consolidado una “nueva doctrina de política exterior” caracterizada por: el “hiperoccidentalismo”, como aquiescencia con Estados Unidos e Israel; el alejamiento del multilateralismo; el personalismo como impronta decisoria, y el binomio ideología-religión como su principal fuente; y, a partir del año 2025, la centralidad de la economía como eje vertebrador de la política exterior.El vínculo con Estados Unidos adquirió así un carácter estratégico prioritario, no sólo en términos políticos e ideológicos sino también como respaldo financiero e institucional.
Con Occidente como bandera, Argentina profundizó el alineamiento irrestricto con Estados Unidos e Israel, excediendo antecedentes históricos recientes. En relación con Washington, el gobierno acompañó la agenda geopolítica de la administración Trump, incluyendo posiciones en foros multilaterales, apoyó iniciativas hemisféricas y propició la convergencia en materia de seguridad. En el caso de Israel, el vínculo adquirió un carácter inédito en intensidad simbólica y política, con implicancias directas en el posicionamiento argentino frente a los conflictos en Medio Oriente. Este alineamiento consolidó el plegamiento de la Política Exterior Argentina con el “Norte Global”, en detrimento de estrategias de equilibrio y diversificación.
En contraste, la relación con el denominado “Sur Global” combinó tensiones, retrocesos y ambivalencias, con algunos acercamientos aislados en términos bilaterales. El retiro de la solicitud de ingreso a los BRICS+ de comienzos de la gestión fue seguido por un distanciamiento respecto de este espacio, marcando un punto de inflexión en la estrategia hacia economías emergentes. Sin embargo, la realidad económica impuso límites a la retórica: la persistencia de la dependencia comercial y financiera con China –incluyendo la reactivación del swap de monedas– puso de manifiesto la necesidad de implementar algunas acciones pragmáticas. Con Brasil, socio estratégico y comercial, se consolidó el distanciamiento del vínculo y las tensiones políticas, en el marco de una “pérdida de relevancia mutua” con impacto sobre la dinámica del MERCOSUR. En el caso de India, se alcanzó un acercamiento materializado en la visita de Narendra Modi al país y se presentan importantes oportunidades de profundización a futuro.
Por su parte, la política de defensa nacional, estrechamente vinculada a la política exterior, se inscribió en la lógica de alineamiento irrestricto con occidente. Ello tuvo implicancias directas sobre la adquisición de armamento y equipamiento militar y particularmente sobre la cuestión Malvinas, donde el énfasis en la convergencia con potencias occidentales se proyectó sobre la estrategia diplomática histórica de reclamo de soberanía, generando un retroceso de la posición argentina.
En función de las dimensiones expuestas, este documento tiene el objetivo de analizar la Política Exterior Argentina durante el año 2025, como continuidad del análisis realizado en el 2024, indagando en la configuración de ésta en tanto política pública, abordando los elementos internos y externos que la condicionan, así como también la cosmovisión sobre la que se asienta. Esta publicación es el reflejo del trabajo realizado por el equipo de la Dirección de Política Exterior y Defensa Nacional de la Fundación Poliedro en el año 2025, el cual se terminó de escribir en los primeros días de febrero 2026 y combina: un análisis sistemático y sostenido en distintos ejes de trabajo sobre los hechos ocurridos durante el año 2025 –con interpretaciones propias y de importantes especialistas– a la par que incorpora las discusiones y debates desarrollados al interior del área en torno a la coyuntura internacional y la PEA a lo largo del año.
El documento propone contribuir a la discusión sobre los costos y beneficios de la orientación adoptada por la administración Milei en política exterior. En un mundo en transición, donde se reconfiguran reglas e instituciones, la misma debería evaluarse en función de su contribución al desarrollo nacional, a la ampliación de capacidades productivas y tecnológicas, al fortalecimiento de su influencia regional y global, y a la preservación de intereses soberanos. Entendemos que el desafío consiste en diseñar una política exterior que, reconociendo las transformaciones del orden global, logre recuperar y articular principios históricos de autonomía y multilateralismo con una estrategia pragmática orientada al desarrollo y la construcción de poder nacional.



